El Yuan digital de china está a punto de desestabilizar la economía

Pablo Fernández

En un extenso artículo publicado en The Wall Street Journal, China crea su propia moneda digital, una primicia para una gran economía, se esboza el probable impacto de la iniciativa de Pekín y las posibilidades estratégicas que ofrece para evitar el bloqueo de sus empresas por parte de EE.UU., y cómo esto impulsará su papel en los trámites internacionales, al tiempo que le permitirá controlar su economía en tiempo real.

Las stablecoins, o monedas digitales vinculadas a un activo o bolsa de activos concretos, son vistas por muchos como el paso previo a la introducción de las criptodivisas: centralizadas y controladas por un regulador, ya sea un banco central u otro tipo de entidad oficial, ofrecen una mayor comprensión de la evolución de los usuarios, que siguen viendo tras ellas el mismo tipo de respaldo que tenía el dinero de papel. Sin embargo, ese respaldo, en realidad, es más frágil y arbitrario, sobre todo en tiempos post-pandémicos, que el de una criptodivisa que sólo emite una cantidad fija de unidades en función de su algoritmo regulador. Esto requiere un salto de fe que a muchos les resulta difícil de considerar: pasar de confiar en las matemáticas a confiar en una autoridad centralizada con capacidad para manipular el valor de una moneda es, como tal, una propuesta de valor que mucha gente todavía no acepta.

yuan digital

¿Qué importancia tiene que China sea la primera gran economía del mundo en lanzar una moneda digital?

En primer lugar, elimina en gran medida la capacidad de Estados Unidos de imponer sanciones y bloqueos basados en el sistema de transferencias SWIFT, así como de obtener información sobre esas transacciones. Pekín ve la medida como una forma de aumentar su soberanía monetaria, protegiéndola de las decisiones de Washington.

Pero la idea, en realidad, va más allá: crear una moneda digital al margen del sistema, que sólo requiera la participación del banco central que la emite (y de hecho, ni siquiera tener una cuenta bancaria), y que permita realizar transacciones de forma eficiente y sin intermediación con empresas chinas cada vez más presentes en la economía mundial, podría erosionar el enorme porcentaje de transacciones internacionales, el 88%, que hoy se realizan en dólares. El desarrollo de las grandes rutas logísticas y comerciales que China planea abrir en el futuro podría hacer esto aún más lógico y ayudar a cimentar la expansión del dominio económico de China en el mundo.

Por otro lado, el sistema ofrece al gobierno chino un control total sobre las transacciones en un sistema de anonimato controlado que le permite saber qué cantidades se mueven y dónde, lo que permite investigar cuando se detectan patrones fraudulentos. Hacer una moneda programable también ofrece otros grados de libertad, como la posibilidad, ya experimentada, de introducir una fecha de caducidad para algunas cantidades cuando se busque impulsar la economía. De momento, China no tiene previsto emitir más dinero del que ya está en circulación: cada yuan digital emitido anula su equivalente en papel. Pero el hecho de que este elemento de su política monetaria funcione así por el momento no significa que no pueda cambiar en el futuro.

En un mercado tan evolucionado y acostumbrado al uso del pago electrónico como el chino, la introducción de una moneda digital oficial permite también reducir el nivel de vulnerabilidad y el riesgo de depender de empresas privadas para la circulación del dinero en el día a día. Además, el lanzamiento de una moneda digital no está exento de complejidades, y el mero hecho de haber hecho el esfuerzo de distribuirla, experimentar con su uso y sus posibles problemas, así como sus posibilidades, es probable que dé a China una importante ventaja sobre otros países: más grados de libertad en la escena internacional.

Lo que más se desprende del tono del artículo del Wall Street Journal es que, para China, su moneda digital es una fuente de importantes ventajas, ventajas que ninguna otra economía fuerte está dispuesta a desaprovechar. Por tanto, el futuro a corto y medio plazo está más que claro: podemos prepararnos para un escenario con dólares y euros digitales más pronto que tarde. Más de 60 países han iniciado movimientos para estudiar la emisión de este tipo de monedas, lo que implica que, durante un tiempo, convivirán no sólo con sus equivalentes físicos en papel, sino también con el creciente uso de las criptodivisas a medida que éstas estabilicen progresivamente su valor.

Ahora nos enfrentamos a una situación que muchos creían imposible: la disrupción del dinero. Las repercusiones serán enormes.

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Fuente: Forbes

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Chester

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